Despertar III : Abismo
"Yo" no apunta a una persona y su historia. No se refiere tampoco a una conciencia, a un observador, a un ser teniendo una experiencia. "Yo" es solo una forma de indicar hacia el suceder vibrante, indescriptible, indivisible y sin forma determinada que esto es.
"Lo que es" es la misma indicación. No importa si el mirar va hacia dentro o hacia fuera. No hay fuera ni hay dentro. Mires donde mires, todo lo que hay es esta totalidad sin forma y sin dirección siendo a la vez el mirar y lo visto.
Esta existencia no puede ser dirigida ni comprendida. Cualquier intento de hacerlo reafirma el punto de partida irresoluble de separación.
Las aparentes formas se articulan en contrastes: tensión y relajación, claridad y confusión, alegría y tristeza… Cada uno de estos movimientos aparece, se completa y desaparece mientras que el movimiento sin forma que los contiene no nace ni muere, es lo que siempre es mientras las formas se suceden.
Las prácticas espirituales no son para controlar ni mejorar la vida. No son para el individuo que busca. Solo son formas de facilitar el reconocimiento de la indivisible naturaleza de todas las cosas y poner en evidencia la inexistencia del buscador.
Si la identidad aparente del buscador se desvanece, sus ideas y expectativas ilusorias pueden también desvanecerse junto con la frustración que conllevan.
La libertad no es para el individuo, es la disolución de la ilusión de individualidad. Es ser esta vitalidad indefinible, sin la tensión y el esfuerzo de necesitar ser más que esto.
Esta libertad no pone fin necesariamente al dolor y las dificultades de la vida, simplemente termina con la ilusión de que algo de esto está siendo entendido o dirigido por “mi”.
En ese “mi” reside la esperanza que no se puede ver satisfecha.
Es la distancia entre “yo” y “el mundo”.
Es el abismo que el buscador no puede cruzar ya que él es, en sí mismo, el propio abismo.
La liberación buscada es la simple inevitabilidad de lo que es.