El dogma de la no dualidad

    En el momento en el que nos asumimos seres separados nos olvidamos de nosotros mismos y empezamos a buscarnos donde no podemos encontrarnos.

    Esta búsqueda es una actividad de escape y negación del desplegarse de este momento, de la danza de lo que es, y va unida a una percibida necesidad de refugio y salvación.

    Es una posición de desorientación y carencia que nos lleva a buscar referencias externas en las que poder confiar, de las que poder depender para llegar a buen puerto en nuestro imaginario periplo hacia sentirnos completos y en paz.

    Estas referencias pueden ser expertos de todo tipo. En cualquier área de tu vida puedes encontrar individuos que pretendan tener autoridad para decirte lo que es cierto, lo que tienes que conseguir y cómo hacerlo.

    Además, en esta relación de dependencia subyace la más o menos evidente necesidad de ser como ellos, de llegar a donde pensamos que han llegado, especialmente en contextos espirituales. Por eso nos encontramos asumiendo sin darnos cuenta creencias que aceptamos como si fueran verdades y que, en realidad, solo sirven para velar un poco más el reconocimiento de que ya somos libres y plenamente nosotros mismos ahora.

    Y la “no dualidad” no es diferente.

    Individuos “iluminados”, “realizados” o “despiertos” que queremos emular; conceptos sobre "el absoluto”, “el ser”, “la conciencia universal” que hacemos nuestros; procesos de “purificación”, “sanación” o “evolución” que tenemos que transitar; experiencias “liberadoras”, “trascendentes” o incluso “no duales” que tratamos de alcanzar… Todo ello son imágenes mentales y conceptos que incorporamos en nuestro imaginario, que cubren este momento con abstracciones y complejidades, y que perpetúan así la absurda búsqueda de una “realidad” que sea más real que esto.

    De este modo, la “no dualidad”, que en el mejor de los casos es una forma más o menos organizada de tratar de apuntar a lo que es, se acaba convirtiendo en un nuevo dogma.

    Esta “religión espiritual”, organizada ahora en cursos, lecciones y procesos facilitados por las autoridades correspondientes, solamente perpetúa el problema original: niega tu acceso a la simple realidad de este momento recreando otra vez la ilusión del buscador y de la distancia que lo separa de lo que busca.

    El verdadero camino espiritual, si queremos llamarlo así, es el reconocimiento de que no hay autoridad externa, de que no hay “fuera” ni “después”, de que toda filosofía o imagen mental que sirva para significar y encajar este momento en un modelo de búsqueda es falsa y es una negación de ti.

    Tu camino espiritual es el proceso de descubrimiento de que no hay un camino, ni uno que tengas que transitar ni uno que alguien haya transitado ya antes que tú. Es el descubrimiento de que lo que pensabas que estaba ahí está aquí y de que la unidad que buscabas es lo único que hay.

    Al contrario de lo que el dogma te dice, no eres el “observador” del desplegarse de este momento ni eres “pura consciencia” siendo testigo de algo. Eres la totalidad de este desplegarse, vivo, siempre fluido, siempre completo y siempre impersonal.

    Todo lo que es, todo lo que eres, es esto, este suceder consciente de sí mismo, libre, perfecto y pleno en cada forma que toma. Nunca vas a ser más o menos tú, ni nadie te va a ayudar a acceder a ese “después” inexistente que te garantice la admisión al club de los que “han llegado”.

    La idea de un estado futuro, de algún sitio al que llegar o de un maestro que “está ahí” son todo fragmentos de un desplegarse presente que no hacen referencia a nadie ni a nada, pero que permiten la reaparición de ese “yo” que se imagina aparte de este momento, encapsulado en sí mismo, ajeno al mundo, en un viaje de avance hacia su salvación imposible.

    Todo lo que hay es la danza de la creación desplegándose como el movimiento de este momento, una danza que no tiene que llevarte a ningún sitio puesto que nunca ha habido nada más que la pista de baile del ahora.

    Solo tú puedes saber acerca de ti, solo tú puedes conocerte de primera mano. Nadie puede salvarte, porque ambos, salvador y salvado, son solo pasos en el baile de este momento.

    No puedes encontrar una referencia de autoridad aparte de tu propio existir ya que no la hay. Solo es posible inventarla y crear así más dogma. Pero ese invento será siempre parte de este suceder momentáneo que eres. Será siempre un movimiento más de esta danza de la vida bailando plena y eternamente consigo misma.

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