Encontrar tu ausencia
Buscamos un cambio.
Parece que algo en especial tiene que pasar para dejar de sufrir.
Pero el sufrimiento es precisamente la necesidad de que algo suceda. Es la ilusión de que esto no es suficiente.
Nunca es suficiente para mí.
El pensamiento parece implicar pensador.
La dirección, director.
El sentimiento, persona.
Pero todo lo que hay es un mecanismo que reclama lo que surge.
Y ese acto mismo de reclamar parece convertirse en alguien.
Aquél que busca, rechaza, alcanza, pierde… Aquél que sufre.
El yo siempre llega tarde a la fiesta y pretende haberla organizado.
Es una máscara vacía, un muñeco de ventrílocuo sin mano que lo mueva.
La historia parece hablar de mí. Pero el “mí” es la propia historia, nada más.
Cada camino espiritual que emprende el yo no es más que un plan de fuga. Un intento de huir de aquí, de escapar de este instante.
Pero la cárcel no es este momento, es la ilusión de que “yo” estoy en él.
Esto es todo lo que hay.
Aquél que querría escapar es solo una apariencia.
Puede haber búsqueda, pero nunca hay buscador.
Puede haber sensación de separación, pero nunca hay nada separado.
El alguien a quien esto parece sucederle es parte de lo que sucede.
Es un movimiento más de este fluir impermanente sin forma definida.
No hay línea de llegada que el yo pueda cruzar. No hay logro ni proceso completado con éxito.
Solo el fin de la historia. El derrumbe de la pretensión. El colapso del contexto personal.
Y esta ausencia de mí no es vacío sino apertura. Es la ausencia de un centro. Es claridad no reclamada.
No hay retroceso ni avance, solo caída libre.
Sin red de seguridad. Sin suelo.
El despertar no es más que un encuentro con tu ausencia. Y no queda nadie para celebrarlo.
¿Un método?
Absoluta fidelidad a este momento. Dejar de traicionar lo que es persiguiendo lo que será.
Ser este suceder.
El acto de escribir estas palabras y el acto de leerlas son dos partes de un mismo gesto.
Esto es inamovible quietud en acción.
4 comments
Maravilloso.
Desde aquel curso contigo y los compañeros siento que me disuelvo al despertar cada mañana, todo se siente menos como lo enfocaba, fue una lección de humildad que no esperaba. Siento cómo cada palabra que decías tiene sentido, porque lo estoy viviendo, no como un cambio, sino más bien, como un dejar de desear que las cosas sean de otra manera.
El puñetazo en el pecho al levantarme por las mañanas se ha convertido en una brisa.
"El permanecer en la sensación más fundamental de ser" ese fue el mensaje que está haciendo que mi personaje afloje.
Gracias Alfred.
Saludos.
Juan.
Gracias a ti. ¡Un abrazo!
Simplemente: MAGISTRAL ALFRED!!! GRACIAS MIL POR TUS VALIOSÍSIMAS APORTACIONES!
Gracias a ti! 🙏