Dejar de saber

    La búsqueda es la necesidad de una conclusión definitiva.

    Algo que me diga de una vez por todas qué es esto, que me diga qué soy yo.

    Es el sueño de una definición final en la que encontrarme, en la que poder descansar.

    “Conciencia”, “el observador”, “el Ser”… Son diferentes etiquetas para tratar de cerrar el expediente. Son diferentes formas de fracasar.

    El expediente siempre permanece abierto mientras las definiciones se suceden.

    Todos los años de búsqueda, todas las prácticas de meditación, de autoexploración y de enseñanzas espirituales terminan en algo muy simple: el reconocimiento de no saber.

    Lo buscado es en realidad una ausencia. La ausencia de conclusiones, de divisiones conceptuales, de saberes acumulados… La ausencia, en definitiva, del que sabe.

    Pero eso es algo que el buscador nunca va a encontrar. Todo lo que puede hallar es más de sí mismo. Más resistencia a la vida.

    La enseñanza más importante no es una enseñanza. Es el fin de la necesidad de más enseñanzas. El fin de aquél que busca la solución en el saber.

    Despertar a la realidad es un encuentro con este momento sin el velo del saber.

    Un encuentro directo con este suceder, sin el peso de los juicios, las expectativas y las definiciones. Sin el peso de lo que “yo sé”.

    El sufrimiento siempre se apoya en una certeza implícita: soy alguien que sabe. Sabe que esto no es, sabe cómo debería ser, sabe lo que sobra y lo que falta.

    Ese saber es a la vez la cárcel y el prisionero, los barrotes y el que trata de atravesarlos.

    Cada conclusión acumulada como cierta es un nuevo barrote, un nuevo trazo que define al prisionero imaginario.

    El buscador intenta establecer el rumbo de su vida y comprender lo que es para hacerlo suyo.

    Pero vive irremediablemente arrastrado por este suceder implacable, sometido a un ahora que siempre gana.

    Si hay un descanso, es en el no saber.

    Si hay una apertura, es en la ausencia de conclusiones.

    Si hay libertad, está en la imposibilidad de comprensión.

    La espaciosidad que nada sabe y todo lo es no puede ser comprendida ni capturada.

    Tratar de conocerla es obviarla. Buscarla es negarla.

    Cuando nada es comprendido, todo es vivido tal como es.

    Cuando el saber no cierra, esto siempre está abierto.

    Cuando no sabes lo que la vida es, te vives como la vida que eres.

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