En sus interminables iteraciones, el folclore espiritual se puede ir sofisticando.
Puede vestirse de no-dualidad, danzar la vacuidad o celebrar la consciencia pura.
No importa. Mientras haya alguien intentando llegar, el baile continúa.
Cuando las piezas del puzzle encajan, se disuelven.
Lo que parecía irresoluble deja de existir.
No hay ganancia, solo la obviedad de una libertad inevitable.